Ahora, y corriendo en una consola mucho más potente, Wave Race vuelve a la carga. Con el añadido de la coletilla Blue Storm, el juego desarrollado en el seno de Nintendo ha cobrado una nueva dimensión. ¿Quieres saber qué es lo que trae bajo el brazo uno de los primeros juegos de GameCube?
g r á f i c o s
Aquellos que ya hayáis jugado a Wave Race 64 encontraréis bastante similitud entre el aspecto de aquél y del título que nos ocupa. Es cierto que más de uno esperaba un cambio revolucionario a nivel gráfico, y lo cierto es que en cierta manera ese cambio se ha producido, pero quizá no de la forma que muchos la esperaban. Por supuesto, no es un apartado perfecto, pues aunque hay cosas sublimes, como la implementación del agua, lo cierto es que también hay otras cosas mejorables? Pero vayamos por partes.
Los menús, de preciosista diseño, efectista presentación e inmejorable realización son una auténtica joya que contribuyen enormemente a dejarnos un gran sabor de boca al navegar por ellos. Su diseño es francamente atrayente, y se asemeja en cierta manera a las páginas realizadas en Flash que cada vez son más populares en la red de redes. Eso sí, el toque Nintendo es inconfundible y la facilidad con la que uno puede moverse por ellos es digna de elogio. En cualquier momento y tan sólo pulsando en botón B podremos volver hacia atrás, lo que siempre viene bien a los jugones que quieren investigar a fondo todo lo que ofrece su nuevo título antes de empezar una partida.
Las pantallas de carga de las pantallas, con el grabado del nombre de los niveles, es otra de las joyas que los genios de la compañía nipona nos tenían preparada. Una baldosa cubierta de agua con el citado grabado aparecerá en pantalla mientras se lleva a cago el procesamiento de la fase a la que vayamos a jugar a continuación. Diferentes efectos se irán sucediendo en la superficie de ese agua, con la particularidad de que nosotros podremos controlar esos cambios al menos en parte, consiguiéndose así un feedback pantalla-usuario bastante interesante y muy agradable visualmente.
No se podría hablar de los gráficos de este juego sin mencionar el agua que se han sacado de la manga los programadores de Nintendo. Tiene un aspecto tan increíble que cuesta imaginar que algo tan vivo, tan animado, pueda haberse introducido en el pequeño disco en el que se encuentra almacenado WRBS. Las texturas de las que ha sido provista el líquido elemento y, sobre todo, la forma con la que el agua interactúa con los pilotos y cada uno de los objetos que reposan sobre tan acuosa superficie son tan dignas de elogio como la más virtuosa de las animaciones que se hayan visto en título alguno.
Y es que la sensación de que una ola nos obligue a variar nuestra trayectoria impidiéndonos encaramarnos a rampas o, peor aún, consiguiendo saltarnos un punto de control que daría al traste con todos los turbos que hubiéramos obtenido hasta el momento. Pero claro, no todo iba a ser perfecto, y nos hemos encontrado aspectos que no nos han gustado tanto, como la implementación de la estela de nuestra moto, cuya representación, aunque quizá pasaría desapercibida en otros juegos, no está a la altura del nivel general de representación del agua. Como tampoco están a la altura del hard de GameCube algunas ralentizaciones y pop-ups de polígonos que ocurrirán con no demasiada frecuencia, por fortuna.
El conjunto de escenarios, un elemento importantísimo en todo título de carreras que se precie, es uno de los aspectos más cuidados de Wave Racer Blue Storm. Los hay de todas las formas, temáticas, longitudes y, por supuesto, dificultad. Además, a medida que vayáis superando los niveles de dificultad que se proponen en el modo principal de este juego, las condiciones climatológicas en cada uno de las fases irán variando, resultando pantallas semi-nuevas que variarán en algo más que en la forma de jugar.
Al hablar de los niveles sería imperdonable no comentar la infinidad de detalles de las que éstos están provistos. Tortugas gigantes, pancartas publicitarias, ballenas, delfines, pájaros, helicópteros, un montón de toques verdaderamente fascinantes que consiguen convertir a cada pantalla en un ecosistema único en el que el piloto de nuestra elección intervendrá de forma activa, pudiendo llegar a modificar incluso parte del paisaje de la zona en cuestión. Nota: atención especial al nivel de Aspen Lake. Deslizarse por esas aguas es una auténtica gozada.
En cuanto a los movimientos de los pilotos, encontramos dos vertientes. Los movimientos que podríamos catalogar como normales, es decir, los devengados del pilotaje del personaje en cuestión, y los que resultan de la realización de un truco determinado. Mientras que los primeros son de factura intachable, un gran número de los segundos pecan de estar realizados mediante una física irreal, consiguiéndose rotaciones y giros tan bruscos y veloces que uno podría catalogar como fantásticos. Es cierto que hay algunos movimientos especiales de bastante meritoria implementación, pero otros tendrían que haberse retocado para estar en consonancia con el resto de aspectos que conforman el control. Mención aparte, por supuesto, las gotas que salpicarán virtualmente nuestro monitor cuando el personaje que estemos controlando no aterrice todo lo correctamente que cabría desear. Detalle 100% Made In Nintendo.
Una vez finalice cada carrera podremos admirar una repetición integral, repetición sobre la que no tendremos ningún tipo de control más que elegir el momento en el que dejar de vislumbrarla. Se echan de menos, además, los ángulos de cámara imposibles, primerísimos planos de los personajes, es decir, algunas de las florituras que suelen aparecer en los juegos de velocidad.
m ú s i c a
El apartado musical es una auténtica delicia para los oídos. Cada nivel tiene su propia canción que irá evolucionando acústicamente en consonancia a lo que vaya aconteciendo en nuestras pantallas. Las hay de todos los tipos e intensidades, y aunque todas cumplen perfectamente su cometido, quizá en determinados momentos se echa en falta algo más de pomposidad en las partituras.
s o n i d o f x
El sonido de los motores al calentar en los inicios de cada carrera, el fx producido por la carga del turbo con el que la velocidad de nuestra moto podrá aumentar hasta nuevos límites o, sobretodo, el golpear del casco de nuestro vehículo contra el agua son algunos de los ejemplos del gran nivel de este apartado. Además, un inspirado comentarista amenizará los prolegómenos de las competiciones, además de soltar oportunas frases en momentos puntuales de la acción, añadiendo así a las partidas un toque de retransmisión deportiva muy acorde con la temática de Wave Race Blue Storm.
j u g a b i l i d a d
El control, sin duda uno de los puntos clave en todo arcade que se precie, es bastante intuitivo. Como uno podría suponer, pilotar una moto de agua no es lo mismo que hacer lo propio con una de carretera o incluso que una de nieve. Las olas condicionan enormemente nuestra capacidad de maniobra, y más de una vez tendremos que desestimar realizar un giro demasiado brusco o, por el contrario, aumentar el ángulo de rotación en consecuencia del estado de la mar, lago o río en el que nos encontremos navegando.
Además, habrá que tener en cuenta una barra que aparecerá en la parte inferior derecha de nuestra pantalla y que representará el turbo que tengamos acumulado hasta el momento. La barra es limitada, y contri más repleta esté más rápido irá nuestra moto de agua. Además, cuando la palabra Turbo esté iluminada, lo que será indicativo de que el susodicho nivel de potencia está completo, podremos pulsar el botón X para una inyección de Gas Nitroso al más puro estilo The Fast and The Furious (A todo gas) que nos propulsará a una velocidad muy superior a la habitual.
¿Que qué hay que hacer para conseguir rellenar esa barra? Pues ni más ni menos que superar las boyas de control por el lado que éstas os indican, ya sabéis, superar las rojas por la derecha y las amarillas por la izquierda. Pero, ¡cuidado! Pues si os saltáis una perderéis todo el turbo que llevéis acumulado hasta el momento. Además, en la parte inferior izquierda hay un montón de boyas representadas. Por cada una que os saltéis se tachará una de esas boyas y cuando ya no os queden más... pues mucho me temo que vuestro periplo por ese nivel habrá concluido antes de tiempo. También finalizará la partida en el caso de que os salgáis de los límites del escenario y no volváis en el tiempo estipulado. Tendréis que ir con cuidado...